BREVE HISTORIA DE LORCA

 

 

LORCA ISLÁMICA: EDAD MEDIA Con la llegada a Lorca de los musulmanes se produce un proceso de fusión entre los recién llegados (que no venían acompañados de mujeres) y la sociedad ya existente. Los habitantes de Lurga (la Lorca árabe) se arabizaron rápidamente y Lurga se convirtió en un foco importante de la cultura islámica. En este periodo, los lorquinos fueron excelentes agricultores y artesanos, hubo buenos médicos, mercaderes y gobernantes.

 

La ciudad tuvo carácter de capitalidad hasta la fundación de Murcia. Ya durante la Reconquista, la corona de Castilla se interesó por Lorca (llamada así en Castilla) cuando el rey Alfonso VI fue a Aledo en ayuda por una cercada. También la corona de Aragón se interesó cuando su rey, Alfonso I el Batallador realizó una expedición a Almería. En 1244 moría el gobernador de Lorca Ben Ali y las tropas castellanas a cuyo mando iba Alfonso X, el Sabio, capitularon con su sucesor por lo que Lorca pasó a pertenecer a la corona de Castilla. La situación fue cambiando progresivamente y la castellanización y cristianización se fueron imponiedno a la par que las libertades de los mudéjares se iban condicionando

 

LORCA FRONTERIZA

Los campesinos lorquinos de la época musulmana, cultivadores de los campos, fueron desapareciendo para dejar paso a soldados, adalides... dispuestos siempre a sobrevivir en cualquier circunstancia y a sacar provecho de la situación exitente. Hubo que reforzar murallas y construir más torres de vigilancia
Lorca recibió numerosos privilegios por su situación fronteriza que ocupó durante esta época. Fue en el Fuero de Lorca donde se le otorgó a Lorca el derecho a tener sello propio como distinción. Hasta el 2 de Enero de 1492, con la toma de Granada por los Reyes Católicos, Lorca ocupó este lugar fronterizo. Adquirió un fuerte carácter militar y sus gentes se dedicaron a la guerra, en lo que destacaron por sus innumerables victorias.

Por este motivo, el rey Juan II de Castilla concedió el título de Noble Ciudad a Lorca. La más importante fue la batalla de Los Alporchones, el 17 de Marzo de 1452 (día de San Patricio) en la que los lorquinos derrotaron a los árabes granadinos que venían victoriosos de la comarca de Cartagena. En su honor, el Papa Clemente VII concedió la construcción de la Colegiata de San Patricio en Lorca. También destacaron la Batalla del Salado y la de los Cabalgadores. El gobierno municipal se ejercía mediante 36 regidores, controlados por el corregidor que residía en Murcia. Para poblar la comarca fronteriza, se llevó a cabo un programa de repoblación y colonización por el que acudieron hasta tierras lorquinas muchos aragoneses. La inseguridad fronteriza fomentó la ganadería y el abandono de los campos más lejanos. Por sus funciones de defensa, el término de Lorca experimentó una gran extensión, llegando a alcanzar en algunos momentos hasta los 2.500 kilómetros cuadrados. En 1296 se produjo un avance del Reino de Aragón y pronto estaba el rey Jaime II en las proximidades de Lorca, logrando ocuparla durante cuatro años (1300-1304). Destacar de esta época la celebración el 8 de Septiembre de la festividad de la Virgen de las Huertas que contaba con una pequeña iglesia y un convento para los frailes que la custodiaban.


LORCA EN LA EDAD MODERNA

SIGLO XVI

Al comienzo de este siglo, la ciudad de Lorca, liberada ya de su misión militar fronteriza y rotos los límites que el amurallamiento le imponía, empezó a crecer, a construir iglesias, edificios civiles y conventos, abrir calles, trabajar en paz y festejar las festividades. Sin embargo no todos los lorquinos de entonces pudieron participar de la nueva tranquilidad, la intoletancia institucional impidió que la paz llegara a los moriscos, convertidos al cristianismo, y a la población judía también conversa. Para estas minorías, acusadas de seguir practicando sus viejas creencias, la amenaza estuvo siempre latente. En Lorca se impuso y reforzó el poder de los señores y nobles con una oligarquía de poder que controló la producción económica, la posesión de la tierra y del agua y los resortes del poder político y social. Lorca quiso conservar su carácter guerrero como lo había hecho en los siglos anteriores; la participación militar más importante fue en la batalla de Ugíjar, cuando los moriscos de las Alpujarras granadinas se sublevaron contra Felipe II en 1568. También se participó en el conflicto de las Comunidades castellanas y lucharon contra las Germanías de Valencia. Pero Lorca tuvo que cambiar su carácter fronterizo y guerrero por el de ciudad cabecera de una comarca y centro de una incipiente acción colonizadora. Hubo que proceder a una reorganización de todo el sistema tanto eclesiástico como municipal. La población se fue desplazando hacia la vega y las parroquias altas, Santa María, San Juan y San Pedro, comenzando una etapa de estancamiento y decadencia. El numero de habitantes de Lorca no superó los 5.000 ò 6.000. Las causas de la débil población lorquina y su escasa densidad por el territorio están en las periódicas fases de sequías alternadas con fuertes inundaciones como la de 1568, tres epidemias de peste (en 1508, 1523 y 0558), plagas de langosta (1548), un terremoto (1579) y el desgaste de las guerras. No obstante, hubo periodos alternados de prosperidad económica, cuya base continuaba en la ganadería. El gobierno de la ciudad estaba en manos de los regidores y del alcalde mayor que representaba al rey y a la justicia. El viejo Fuero, otorgado por Alfonso X por el que se rigió la ciudad se extinguió con Carlo I.

En 1533 comenzó la construcción de San Patricio por el mejor arquitecto de la región, Jerónimo Quijano, con el intento de conseguir una mayor independencia del poder regional murciano. La plaza mayor de Afuera o Plaza Mayor (actual Plaza de España) se diseñó para acoger el mercado de los jueves y la realización de ceremonias solemnes, civiles y religiosas.

SIGLO XVII

El siglo XVII está lleno de desgracias y contratiempos. Epidemias, terremotos, sequías e inundaciones cíclicas... La economía lorquina estaba basada en una agricultura de regadío reducido que permitía el autoabastecimiento y en unos productos de exportación, principalmente lana y seda, que se vendía a Europa. Con la crisis de los mercados europeos, los productos lorquinos se hundieron. La crisis se manifestó con un desequilibrio alimenticio. La solución para los más indefensos fue la emigración y la población comenzó a descender no sólo por la mortalidad, que también era elevada. Además se sumaron a la crisis sequías prolongadas como la de principio de siglo que no llovió durante cinco años seguidos; riadas catastróficas como la de San Calixto en 1651 y la de 1653; plagas de langosta que asolaron las cosechas como la de 1649; epidemia de peste en 1647; rotura del primer pantano de Puentes en 1648; terremoto en 1674... Fue necesario intensificar la roturación de los campos lo que fue rentable para los propios oligarcas, sobre todo cuando apareció la barrilla, de utilidad desconocida hasta entonces, que se usaba como base para la obtención de bicarbonato sódico para la fabricación de jabones. La sociedad estaba muy jerarquizada y existía una gran desigualdad social. Con esto aumentó el poder de la nobleza, que llegó a controlar las bases económicas. Entre 1614 y 1629 la Corona concede el cargo de regidor a perpetuidad. En esta época hubo numeros intentos fallidos de obtener dignidad episcopal para Lorca. La iglesia como institución seguía actuando como una estructura envolvente. Durante este siglo hubo varios personajes lorquinos destacados como el general Andrés Pérez Chuecos y el almirante Antonio de Aguilar y García de Alcaraz.

La barrilla, las roturaciones de los campos y la nueva actitud de las élites lorquinas, que comprendieron la necesidad de reconvertir las bases de la economía local, condujeron a la recuperación y consiguieron que Lorca se adelantara al resto del país en cuanto a la superación de la crisis general.

SIGLO XVIII

La economía de este siglo tuvo un predominio agrario tan exagerado que condicionaba la organización interna y los ritmos de vida de la comunidad; más de la mitad de las ordenanzas municipales se referían a la regulación de las actividades agrarias. Lorca apoyó a los borbones en la Guerra de Sucesión (1700-1714) por lo que Lorca tuvo que fortificarse y prestar ayuda a las tropas. Las roturaciones intensivas, la explotación de la barrilla y la potenciación del valor de las tierras fueron las bases que hicieron posible el momento estelar de la historia de Lorca. Se produjo una gran aumento demográfico (40.000 habitantes) debido a la gran empresa repobladora del reformismo borbónico. La sociedad lorquina seguía estructurada según la forma del Antiguo Régimen: la élite privilegiada (nobleza y clero) y la masa restante, que pagaba impuestos. Lorca terminó el siglo siendo una ciudad monumetal, barroca. Los bellos edificios que la caracterizan se terminaron durante este siglo. La Plaza Mayor completó su configuración convirtiéndose en la más hermosa plaza de la región, se concluyó la fachada y la torre de San Patricio.

LORCA EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA

SIGLO XIX.

El extenso término lorquino sufrirá durante el XIX lo que se ha denominado "efecto acordeón", merced a los diferentes enfoques de las sucesivas disposiciones legales reguladoras del municipio. Si al comenzar la centuria englobaba aún a Aguilas, Puerto Lumbreras y buena parte de Mazarrón, al final presentaría una forma muy parecida a la actual, si exceptuamos el caso de Puerto Lumbreras. Este núcleo fue independiente durante el trienio liberal (1820-23) y durante la II República, volviendo a la jurisdicción de Lorca sucesivamente hasta su definitiva segregación en 1957. Con Aguilas pasaría algo parecido, pero su accidentado proceso de independencia, que comenzará en los años finales del XVIII, culminó totalmente en 1833. A pesar de ello, Lorca siguió siendo el territorio municipal más extenso de España, con los lógicos problemas que ello acarreaba para su administración.

Si contemplamos el lado negativo del desarrollo histórico, estancamiento es la tónica general utilizada en todos los órdenes por diversos autores. El modelo socioeconómico lorquino es preindustrial y con un fuerte predominio del sector primario con una agricultura de subsistencia nula o escasamente integrada en el mercado nacional agrario. A ello se deben sumar además las continuas calamidades que jalonan todo el siglo: a partir de la rotura del pantano en 1802 seguida de la invasión francesa, las crisis producidas por enfermedades epidémicas, como la fiebre amarilla y el cólera, o los ciclos de sequías y malas cosechas van a ser casi una constante, sin olvidar que otros acontecimientos funestos, como por ejemplo las sequías de mediados de siglo, especialmente la de 1847 que produjo un gran flujo migratorio, o las riadas, como la de 1879, vinieron a añadir dificultades y miseria. A pesar de lo dicho, el crecimiento demográfico no pareció verse nunca comprometido, aunque tampoco resultaría excesivamente encomiable. Durante la primera mitad del siglo la cifra de población osciló entre los 30.000 y los 40.000 habitantes, registrándose desde entonces un alza lenta y progresiva, matizada por episódicas mortandades (como las producidas por el cólera) y procesos inmigro-emigratorios, para culminar en 1900 con más de 69.000 habitantes. En este último año el carácter de "agrociudad", que ha definido a Lorca hasta hace unas décadas, seguía plenamente configurado. Desde mediados de siglo, aproximadamente, la tendencia a agrupamiento en la cabecera se comienza a diluir en favor del apropiamiento del campo y de un mayor crecimiento natural del área rural. El sector primario, con una producción cerealícola predominante, ocupaba a una población activa que en algunos momentos supera con creces el 70 %.

SIGLO XX

Si durante una secuencia determinada de años analizamos y estudiamos lo tocante a población, economía y urbanismo de cualquier asentamiento humano -tres factores que se encuentran íntimamente entrelazados-, vamos a obtener una visión bastante ajustada de cómo es realmente una comunidad y cuáles han sido los caminos por los que ha llegado a configurarse de un modo particular. Es por eso que para acercarnos globalmente a nuestra historia más reciente, de enorme complejidad en todos los órdenes sociales y para la que existe una abundante bibliografía, los tres aspectos escogidos sean los ya señalados. Mediante ellos se pueden trazar las características generales que sirvan de base para articular adecuadamente el desarrollo particularizado de otras muchas facetas, no menos importantes, de la vida del municipio.

La población lorquina experimentó en el último cuarto del XIX un gran crecimiento, al que contribuyó en buena medida la inmigración provocada por la intensa actividad minera, situándose casi en los 70.000 habitantes. Veinte años más tarde, la progresión demográfica positiva incrementaría en aproximadamente 5.000 personas más los efectivos poblacionales, alcanzando un máximo que no ha vuelto a repetirse en la centuria. Pronto las oscilaciones de la economía se dejaron sentir. Si ya se estaban produciendo emigraciones en los años anteriores, la comprendida entre los años 1920-30 supuso al final un saldo negativo en torno a los 15.000 habitantes y un número de emigrados para el decenio cercano a los 30.000, quienes en su mayoría se trasladaron a Barcelona para cubrir los empleos que entonces ofrecían la industria y las obras públicas. Como causas directas de esta sangría humana se apuntan el problema agrario (bajos jornales, sequías, plagas y crisis de la exportación), un elevado índice de crecimiento vegetativo, que acabó por provocar el desequilibrio entre población y recursos, y la falta de una industria potente y desarrollada que absorbiera el éxodo rural.